Colaboraciones medios

 

Joaquín Monreal Pérez

Cátedra Empresa Familiar. Profesor Departamento de Organización de Empresas y Finanzas de la Universidad de Murcia

La Opinión - Encuentros febrero 2015

Teniendo en cuenta la importancia que tiene para la empresa salir a los mercados internacionales, y más en los tiempos actuales de baja demanda doméstica, la empresa familiar presenta una serie de características diferenciales que hacen que su actividad internacional (fundamentalmente a través de exportaciones) es distinta a la del resto de empresas no familiares.

Fundamentalmente, la diferencia es debida a que la actitud frente al riesgo de los directivos de empresas familiares varía respecto a la del resto de directivos. Diversos autores han subrayado que los gestores de empresas familiares priorizan mantener el capital socio-emocional en las empresas familiares, y garantizar, en la mayor medida posible, la coincidencia de los valores de la familia propietaria con los de la empresa. Esto hace que los directivos de empresas familiares sean más conservadores a la hora de afrontar actividades “arriesgadas”, y más reacios a la entrada en la propiedad (y/o gestión) en la empresa de personas ajenas a la familia, ya que dicha nueva participación puede amenazar el capital socio-emocional de la empresa, y diluir el control de la familia sobre la empresa.

A esto hay que añadir que los directivos familiares que controlan en la actualidad la empresa desean asegurar la continuidad y futura supervivencia de la organización familiar, ya que (al igual que ha hecho la mayoría de ellos) les gustaría que futuras generaciones de miembros de la familia puedan heredar la gestión de la empresa familiar en buenas condiciones en sucesivos años.

¿Cómo afectan estos dos argumentos a las decisiones acerca de la actividad internacional de la empresa familiar? Operar en mercados exteriores implica mayores riesgos (mayores costes financieros, publicitarios, posible menor seguridad jurídica, …) A esto hay que añadir que algunas de las ventajas que tienen las empresas familiares en el mercado nacional de origen desaparecen, como su mayor prestigio por su carácter familiar o el mayor conocimiento sobre ésta de los consumidores. Por todo esto, la actividad internacional de la empresa resulta más arriesgada que la doméstica. La no voluntad de la familia de perder el control de la empresa y su deseo de preservar la continuidad de ésta, hace que la empresa familiar sea más conservadora que la no familiar, y por tanto, precavida a la hora de decidir adoptar negocios que puedan implicar más peligros, como los negocios internacionales.

Considerando esta actitud específica de los directivos familiares sobre la empresa familiar frente al riesgo, es de vital importancia intentar minimizar el riesgo de la internacionalización desde la organización empresarial y a nivel institucional, con prácticas como las que conducen a dotar de una mayor seguridad jurídica y económica a los negocios internacionales. Asimismo, aspectos como la mayor visión a largo plazo de los directivos empresariales a la hora de recuperar las inversiones empresariales, y su comportamiento ético, son aspectos que favorecen la internacionalización de la empresa familiar, y que deben ser, por tanto, apoyados empresarial e institucionalmente.

 


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