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Angel Olaz Capitán

Departamento de Sociología y Política Social. Miembro de la Cátedra de Empresa Familiar Mare Nostrum

La Opinión - Encuentros 4 diciembre 2016


Decía el estadista y político británico Sir Winston Churchill (1874 – 1965) que “un optimista ve oportunidades en toda calamidad y un pesimista, ve calamidades en toda oportunidad”. En determinadas situaciones y ante el análisis - previo a la toma de decisiones - el ser humano debe ponderar la realidad de las cosas y razonar en términos de consecuencias. No en vano, alguien señaló que “todo depende del color del cristal con que se mira”.

La empresa familiar no es ajena a estas circunstancias y el enfoque desde el que contempla todo lo que fluye a su alrededor, si por algo se ha caracterizado desde siempre, ha sido por detectar oportunidades por muy remotas que sean, en situaciones complicadas y adversas. El conocimiento del producto o servicio que se genera, del entorno en el que se opera, junto al autodiagnóstico personal del equipo, esto es, de la familia y de sus competencias profesionales son claves en el esquema de análisis y posterior actuación del equipo de trabajo.

Ahora bien, equipo de trabajo no es lo mismo que el trabajo en equipo. Trabajar en equipo supone adquirir, estimular y desarrollar un conjunto de conocimientos, capacidades, habilidades y actitudes que van mucho más allá del trabajo en grupo (conjunto de elementos sin una clara conexión entre ellos). En otras palabras, tratar de desempeñar adecuadamente la parte individual que a uno le toca en el conjunto.

Es en este terreno, donde las competencias personales y profesionales del equipo hacen que “el todo sea mucho más que la suma de las partes” (perspectiva holística), siempre y cuando se observen algunas cuestiones elementales tales como: aceptar a las personas como son (no como nos gustaría que fuesen); enfocar los problemas en función del presente (no del pasado); confiar en los demás (aun cuando exista un margen para el riesgo); adoptar una actitud responsablemente positiva y, por consiguiente, ser resilientes cuando el impacto o duración de lo sobrevenido apunta malas maneras.

De la unión de estos materiales - de esta fusión - es de donde se fragua el “cemento” con el que se forja el armazón del trabajo en equipo, donde lo individual cede paso a lo compartido y la cooperación convierte la amenaza en oportunidad.

Esta es la teoría, pero hay incontables casos en la empresa familiar, donde los equipos humanos son los protagonistas de un proceso que permiten, por complicadas que sean las circunstancias, ver oportunidades y explotarlas. Ese es, sin duda, uno de sus rasgos distintivos y lo que explica como en la empresa familiar las oportunidades siempre son más exitosas cuando es el resultado del trabajo en equipo.

 


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