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Pilar Ortíz García.
Profesora Departamento Sociología Universidad de Murcia. Cátedra Empresa Familiar Universidad de Murcia.
La Opinión - Encuentros abril 2017

La empresa necesita un buen clima social para desarrollar su actividad, hacer previsiones de futuro y generar confianza entre sus trabajadores y clientes.

Partiendo de esta premisa, resulta interesante conocer la percepción del empresariado sobre el clima económico y político, en definitiva, social. Dicho conocimiento es el primer paso para orientar las soluciones a determinados problemas. Con este fin, el Instituto de Empresa Familiar (IEF) en su Asamblea anual realiza una encuesta interactiva entre sus socios que resulta altamente clarificadora de la percepción de los empresarios familiares sobre el clima social en España.

La encuesta de 2016 constaba de dos grandes apartados: el primero, la valoración de la coyuntura política y económica y el segundo, la valoración sobre la coyuntura empresarial.

Sobre el primero de estos apartados, la opinión de los empresarios fue clara y contundente: en una escala de 0 a 9, la situación política española recibía un sonado “suspenso” con una valoración media de 2.2. Se trata de la puntuación más baja desde 2010, año en que dicha evaluación no alcanzaba un 1 (0.58) en la misma escala. Es necesario indicar que la calificación de esta situación ha sido tradicionalmente negativa, aunque resulta curioso que después de una ligera mejora en la valoración de la política en los años 2014 (2.33) y 2015 (2.98), en 2016 el pesimismo haya vuelto a planear entre el empresariado familiar.

La incertidumbre política que acompañó los procesos electorales de diciembre de 2015 y junio de 2016 está, posiblemente, detrás de esta valoración tan claramente negativa. La reflexión a la que invitan estos datos es evidente: la incertidumbre política y el pesimismo empresarial son dos factores relacionados.

La valoración sobre la situación política contrasta claramente con la que estos mismos empresarios hacen de la situación económica. En 2016 la calificación de dicha situación fue de 5.46, manteniendo el “aprobado” ya concedido en 2015 (5.15). Estas percepciones suponen una mejora sustancial respecto a años anteriores, como 2014 (4.09) y 2013 (2.16); unos años en los que, sin duda, la crisis seguía oscureciendo el horizonte económico de estos empresarios.

Ratifican el optimismo del empresariado familiar sobre la situación económica sus opiniones sobre la previsión de crecimiento en sus empresas. Un 81% de los encuestados prevé un “moderado aumento de la actividad con una limitada creación neta de empleo”. Al tiempo, el 78% pronostica un aumento de las cifras de venta.

Ante estos dos escenarios opuestos: político y económico, queda confiar en que el pesimismo sobre la situación política no acabe enturbiando el optimismo económico de los empresarios familiares.

 


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