Colaboraciones medios

 

Juan Ortín

Departamento de Sociología y Política Social. Miembro de la Cátedra de Empresa Familiar Mare Nostrum

La Opinión - Encuentros 5 frebrero 2017

En un intento de revalorizar la importancia de lo duradero y de la confiabilidad de las relaciones sociales humanas, Bourdieu trasladó de la Economía a la Sociología el valor que de por sí tiene el concepto de capitalización. Llevando esta cuestión hacia el ámbito de las empresas, la propuesta nos llevaría a la consideración de que contar con capital social en la empresa significa, pues, contar con un valor añadido de refuerzo positivo de las relaciones laborales como consecuencia del mejor ambiente productivo y laboral que se desprende de la confianza mutua entre empresarios y trabajadores y, consecuentemente a actitudes de mayor/mejor complicación en los proyectos.

En el caso de las empresas familiares, este capital social suele quedar reflejado por la dirección de la empresa familiar como una extensión de la propia idea de familia hacia el trabajador de la misma, bajo la consideración de que estos forman parte del proyecto común del gran aglutinador que es el concepto, y aún más de la idea, de empresa familiar.

Varios hechos suelen acompañar cierta veracidad de esta definición. En primer lugar el carácter micro empresarial (en general) de las empresas familiares. En segundo lugar, la mayor estabilidad en el empleo de los trabajadores de las empresas familiares. Lo primero por reducir las distancias físicas entre gestión y producción, lo que deriva en un conocimiento mutuo más directo; lo segundo, en lo que supone de reconocimiento de la mutua implicación en el proyecto en lo que se concibe como una trayectoria a largo plazo.

No obstante lo dicho, habría una otra cuestión de relevancia en el tratamiento de la cuestión que nos ocupa. La realización de todo proyecto -y la creación y mantenimiento de una empresa familiar lo es-, implica una definición de objetivos económicos y sociales. No es de extrañar pues que en las empresas familiares esta definición se realice como una proyección de lo aparentemente y meramente social, la familia, a lo aparentemente y meramente económico, la rentabilización, e implicando ello una mayor atención de lo social en lo económico.

No todo capital social en las empresas es positivista. Es decir, que si existe, éste es positivo. Nada que ver con la compleja realidad económica y social de las empresas y por supuesto también para las familiares. Hábitos enquistados, transiciones, maneras de ejercer la dirección, desavenencias, puntos de vista encontrados, etc., forman parte de las dinámicas, internas y externas, empresariales tengan estas las formas jurídicas que tengan.

El punto de partida en la consideración en torno a la posibilidad de un mejor, más positivo y proactivo, capital social en las empresas familiares devendría de que si el punto de partida en la definición de una empresa familiar es la proyección económica y social de la familia empresaria, en primera instancia, esta proyección se extiende hacia el resto de los miembros y hacia los trabajadores como consecuencia ya no tanto de su inserción en un proyecto familiar, sino como consecuencia de la toma en consideración de la importancia de la empresa para otras familias implicadas.

 


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